Como intérprete, he tenido el honor de tratar con personas muy interesantes y con mucho talento. Una de ellas fue el Rey John Favors, de Nigeria.
Fue hace mucho, entre 2002 y 2004, pero la dulzura de aquel encuentro sigue muy viva en mi memoria. Yo había asistido a sus charlas públicas, pero la suerte de ser su intérprete por primera vez me llegó de forma muy inesperada, durante su visita de dos días a Rostov.
Mi madre supo por una conocida suya, que organizaba la visita de Su Alteza a Rostov, que él iba a dar una entrevista a un programa de la televisión local, y mi madre y yo decidimos ir a verle de lejos. Él se retrasaba; nosotras esperábamos. Su Alteza llegó acompañado de unas siete personas —no lo recuerdo con exactitud—, entre ellas dos intérpretes.
El ascensor era muy grande y todos acabamos dentro con él; nos conocimos y empezamos a hablar. Cuando el ascensor nos subió a la planta, me pidió que le hiciera de intérprete durante la entrevista. Yo, por supuesto, le dije que sería un honor para mí.
Todo fue muy rápido, íbamos con prisa, era un directo… el presentador, el estudio, las cámaras, el micrófono. Todo fue espontáneo. Su Majestad resultó ser una persona muy bondadosa: antes de la emisión me contó brevemente de qué pensaba hablar con el presentador, me dio ánimos y me dijo que todo iría bien. Y de verdad todo salió bien, así que después de la emisión fui con él en el coche para interpretar su conferencia pública de esa noche. Puro éxtasis.

Al final de su visita a Rostov, Su Majestad dijo que estaba contento conmigo como intérprete y que me recomendaría, pero esa ya es otra historia. Recuerdo su broma: que yo era una ayudante muy útil y que me metería en su maleta. Volví a verle durante sus visitas a Rusia. Por desgracia, enfermó y dejó este mundo en 2005.

¡Gracias, Su Alteza, por la misericordia que derramó sobre mí al regalarme su compañía y la oportunidad de servirle personalmente!
